REPORTE MENSUAL DE MERCADO: FEBRERO 2021

Transición Energética Argentina

El sector energético a nivel mundial ha iniciado un proceso de transición, el cual plantea cambios estructurales que modificarán sustancialmente la forma en la cual se genera, transporta, distribuye y consume la energía en el mediano y largo plazo. Este proceso global busca lograr un crecimiento sostenible y, al mismo tiempo, contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 y del Acuerdo de París frente al cambio climático.

Particularmente, el ODS Nº7 de la Agenda 2030 plantea “garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”, que se estructura a partir de tres áreas de acción: acceso a la energía, energías renovables y eficiencia energética. Teniendo en cuenta el carácter transversal del sector energético y su vinculación con los diversos sectores económicos, un desarrollo energético sostenible ofrece un enorme potencial para contribuir con los nuevos Objetivos de la Agenda 2030, en particular con los ODS Nº8 (trabajo decente y crecimiento económico), Nº9 (industria, innovación e infraestructura), Nº10 (reducción de desigualdades), Nº12 (producción y consumo responsable), Nº13 (acción por el clima) y Nº16 (paz, justicia e instituciones sólidas).

En base a estas premisas, el Comité Ejecutivo de la Plataforma Escenarios Energéticos planteó cuatro pilares fundamentales constituyen la base sobre la cual debe construirse la transición energética en nuestro país:

Seguridad Energética

Se entiende por seguridad energética al aseguramiento de un suministro accesible, de fuentes variadas a precios razonables, preservando y minimizando el impacto sobre el ambiente. Para ello, se requiere de un sistema energético con características óptimas de disponibilidad, confiabilidad y flexibilidad, diversificando las fuentes de energía. La búsqueda de combinaciones óptimas de fuentes de suministro permite construir un sistema más resiliente, que gestione riesgos y minimice los efectos ante eventuales cambios exógenos. Asimismo, la seguridad energética plantea la relevancia del intercambio energético, tanto a nivel regional y global, de forma tal de garantizar la seguridad del suministro y promover la eficiencia.

Un sistema energético que resulte confiable contribuye, y se retroalimenta, con el cumplimiento de los otros tres pilares: asegura acceso a servicios de calidad para los habitantes del país (de todos los sectores), incorpora la dimensión de la sustentabilidad ambiental en la toma de decisiones y sienta las bases para un funcionamiento más eficiente del sistema y la determinación de precios competitivos.

Sostenibilidad Ambiental

La sostenibilidad ambiental es una dimensión clave a considerar en el desarrollo de los sistemas energéticos y, específicamente, en la gobernanza de procesos de transición energética. Esto implica incorporar la dimensión ambiental en los procesos de toma de decisión, tanto a nivel de la formulación e implementación de políticas energéticas como en el desarrollo de proyectos de aprovechamiento de recursos energéticos y de infraestructura, de forma tal de prevenir los posibles impactos ambientales y contribuir a un desarrollo sustentable. Este pilar pone de manifiesto la necesidad de considerar y abordar la problemática del cambio climático en los procesos de transiciones energéticas.

En este sentido, en el marco de la Agenda 2030 y del Acuerdo de París, se plantea avanzar hacia modelos de producción y consumo de energía cada vez más limpios, con altos niveles de eficiencia energética y bajos en emisiones de GEI. Es por ello que se debe dar continuidad a la inclusión de fuentes de energía renovable en la generación de electricidad ya aplicadas en el territorio nacional al igual que nuevas tecnologías (energía geotérmica, mareomotriz, generación “offshore”, etc.). En tal aspecto, se cuenta con la necesidad de seguir promoviendo e incentivando no solo la generación a gran escala, sino también la generación distribuida (con la posibilidad adicional de comenzar a considerar el almacenamiento de energía). Además, se debe promover al desarrollo de la electromovilidad y la utilización de combustibles alternativos como lo es el hidrógeno.

Eficiencia energética

La eficiencia energética es una de las apuestas para reducir los impactos asociados al desarrollo energético, respondiendo al mismo tiempo a los requerimientos de energía por parte de la población y los sectores productivos.

Esto implica la necesidad de diseñar mercados flexibles en condiciones de competencia y complementariedad entre distintas fuentes con el fin de minimizar los riesgos de obsolescencia tecnológica, los problemas de “activos encallados” (stranded assets) y facilitar la innovación. Asimismo, plantea la necesidad de generar un sistema de precios mayoristas sobre la base de la competencia, pero que cubra los costos económicos del servicio. Esto requiere del diseño políticas energéticas que promuevan el desarrollo económico y la competitividad, articulando el sector público con el privado.

Además, este pilar plantea la necesidad de potenciar la eficiencia energética desde el lado de la oferta y de la demanda. Esto requiere de programas y normas específicas en actualización permanente de acuerdo con el estado del arte de la tecnología y siguiendo las mejores prácticas internacionales. También la inversión pública debe desarrollarse en forma eficiente y transparente complementando, donde se requiera, a la inversión privada.

Inclusión social y Empleo

La transición energética puede ser vista como un recorrido que genera empleo de calidad, desarrollo productivo e inclusión social. Esto se debe a que la sociedad participa activamente en el proceso de transición. El sistema energético debe contribuir a mejorar la calidad de vida de la población de nuestro país. Esto implica garantizar el acceso universal y equitativo a servicios energéticos modernos y de calidad a todos los hogares, independientemente de su ubicación geográfica y de la condición socio-económica. Asimismo, esto requiere asegurar la asequibilidad de los servicios energéticos, atendiendo, especialmente, a la situación de los sectores socio-económicos más vulnerables. Esta inclusión, se debe realizar con el cumplimiento de obligaciones ciudadanas tales como el uso racional y el pago de la factura y requiere de la articulación entre el Estado, las empresas proveedoras del servicio (estatales o privadas), las instituciones de la sociedad civil y la población; en donde cada actor asume responsabilidades funcionales con mutua colaboración.

Paralelamente, el proceso de transición energética también requiere incorporar la dimensión del empleo como una variable crítica a considerar. Los cambios tecnológicos y en las formas de producción, transporte, distribución y consumo de la energía generan impactos y cambios tanto en términos de pérdida y creación de puestos de trabajo, como así también en las capacidades y habilidades necesarias para ingresar al mercado laboral. La creación de empleos a través de la transición energética global es un aspecto importante que merece ser explorado y que tiene ramificaciones políticas en todo el mundo. Se espera que el empleo en el sector crezca en torno a 70% a nivel mundial. Este proceso debe ser no sólo igualitario, sino además justo, incluyendo diversidad de trayectorias, experiencias, géneros y capacidades.

error:

Si no se encuentra registrado, por favor complete el siguiente formulario y le suministraremos datos de acceso.